El Calzon de la Madrugada


Su breve compañia; electrificante. De presencia y aura; embriagadora. El sabor de sus besos; manjares que no resistian descripcion alguna. Su perfume? De exquisita sensualidad, abrazador. Selvushka, amazona indomable se ofrecio toda; sin reservas. Alli, entre sabanas, inciensos y la ocasional tizanita, la seduccion con matices de jasmines, toronjil y matecitos desayunescos fue completa.

Recibieron la madrugada con besos jugosos; apasionados y gentiles mordidas sin aliento. Sus manos recorrieron dulcemente, amorosamente, geografias exaltadas, valles y colinas descubiertas. Palpitaciones aceleradas; besos sin pudor, lenguas de grandes recorridos celestiales – ambos encendidos en sus notas, rendidos, sin armaduras, se amaron.

El alba trajo consigo cantatas; nombres gentiles; foneticas singulares, labios irremediablemente deseables. Despertaron bajo una ligera llovisna de primavera – mirandose a los ojos supieron en ese momento que su compañia les resultaria siempre indispensable.

De partida anunciada, indomable amazona, retorna un buen dia a su pais de origen. Visita amorosa concluida; capitulos cerrados y abiertos, abanderada guerrera no deja aparentemente evidencia de su escapada historica. Al cabo de algunos dias, el recupera sus aturdidos sentidos y recalibra el Norte de su inseparable brujula, entendiendo tambien el compas de las ausencias irrevocables.

Una mañana como otras, descrubre una prenda muy intima de su amazona amada; colgando en el lienzo de la ropa seca, he alli el calzon rosado de su Selvushka entrañable – entre sus manos, atesora la suavidad de sus fibras y con ciclicas remembranzas, siente una vez mas la piel amada e inolvidable de su guerrera abanderada.

Han transcurrido muchos años de esta humeda historia. Lejos, rodeada de jardines y familiares criaturas, amazona maravillosa continua su inenterrumpida longevidad, con algun achaque temporal de la tercera edad e imaginandose la carroza a la vuelta de la esquina. En la comoda de los objetos y sueños inolvidables, a una distancia planetaria implacable, torpemente resignado, el guarda su rosado fetiche, venerandola, como esperando una nueva primavera. –

© Leo Campos Aldunez

Edmonton, AB (Canada)

Musica: Como Esperando Abril

Autor: Silvio Rodriguez © 1975

https://youtu.be/lZbQbMRhYIo

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