Archive for October, 2014

ELLA

Llegó con los vinos y los vientos del Sur; me apareció majestuosa, plena de aventuras, manifestando palabras emotivas y constantes evocaciones. La recibí con flores amarillas, indicando – pensé – amistades arcanas, pasajeros momentos de una edad mágica e irrecuperable. En un grato restaurante latino, conversamos del pasado, de los amigos y amigas que fueron y los que aún lo son; de nuestro compartido dormitorio; de las artes culinarias de nuestra gente; de las pasiones políticas de una generación rebelde; de cómo hicimos frente al terror dictatorial militar; de las llamadas de medianoche; del saber que todos nuestros sueños se derrumbaban como un penoso castillo de naipes y de las tragedias y pérdidas irreversibles. Nos supimos mensajeros, escapando de una gran pesadilla; multiplicándonos como soldados de papel; resistencia inútil, renegados a ser perpetuos fantasmas. Al cabo de un rato de silencio, de ojos húmedos, de gentilmente acariciadas arrugas, nos dimos la tarea de entender nuestra historia.

– ¿Recuerdas quién estaba al mando? – Claro; ¡el sastre de la esquina! Gran tipo, con alguna formación paramilitar… Absurdo; lo que ocurrió quizás fue inevitable, ¿no lo crees así? – Quizás, – dijo ella – hay una cierta dosis de leyenda en este cuento, claro. ¿Recuerdas los rumores del general libertador que nunca llegó? – Sí; ¿cómo no? …

La imaginación desatada; creando líderes a diestro y siniestro, sumando leyendas urbanas para darnos alguna valentía. Fue todo brutal, impensable… De súbito un mundo de extraños y sospechosos. Sueños atrapados en una primavera ensangrentada. Sí, – nos dijimos suavemente – se hizo muy difícil amarnos, ¿verdad? Incluso los mensajes en las paredes perdieron sentido, se transformaron en diversiones cuasi-místicas; y nuestras herramientas de “educación popular”, en meros artefactos arqueológicos. Nos llenamos de héroes y heroínas de cartón. Sin embargo, durante un tiempo, continuamos nuestros fortuitos encuentros; nuestras intenciones aún honorables; la piel nos llamaba, (bueno,) por un tiempo desesperado, sin sol … y mudos.

– ¿Y qué fue de la “Chavelita? – pregunté… – Bueno, eventualmente se fue a España; está bien, aún mantengo algún contacto esporádico con ella. – Y “Manolito”, ¿dónde está este compadre? – Él se marchó a Cuba; lo recibieron muy bien allá. Terminó sus estudios médicos en La Habana y se casó con una Cubana muy guapa: tienen tres hijos; ya adultos, claro… – ¿Y “Carlitos”, el de la permanente sonrisa amistosa? – A él le dieron duro: desapareció de nuestras secretas tertulias y al cabo de un tiempo su cadáver apareció flotando en el Mapocho…

Así fue; penas oscuras, llantos, susurros, lamentaciones, se nos hizo cada día mas difícil el amarnos, ¿verdad? Meses y luego años; las reglas cambiaron y también los personajes. Ambos tuvimos que asumir una nueva plataforma, nuevos directores, otros guionistas – incluso la música cambió de escena. – ¿Eres feliz?… – Estoy contenta. – ¿Feliz? – Han habido momentos de dicha; la felicidad pareciera ser siempre elusiva… – ¿Y tú? – Igualmente, – respondí amablemente, mirando una vez más nuestros secretos en sus ojos asombrados.

© Leo Campos Aldunez

Edmonton, AB (Canada)

Theme: Cristofori’s Dream @ David Lanz, 1988

Narada Collection: http://youtu.be/9wxrB41PMhw

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Things We Never Say

1. I know who you are; the woman in the green dress staring through the big windows of the downtown café lost in some deep thoughts about what was, should have been, may have been; perhaps it will be. Listen! You say; we’re ready to begin, here’s the Bible, take it and smile, but leave no tracks to its source. Forget the paper! She remarks aloud – what do they know? That’s why I am here and what I say to you remains with you, understood? I must say, watching her fervour was in some odd ways comforting, making me feel a man of the world without a need for directory assistance at all.

2. Three cappuccinos later I noticed a new presence; he seemed to have the aura of a “new God” – I keep an attentive eye while the entire room goes on stand-by. He exchanged a few words with the woman in green, brochures were placed on a colourful display, and donations rang somewhere on a web account – the tally would come later. Mid-afternoon rain fell, walkers scattered and a dark cloud sat on top of us all.

3. Wooden tables were the trademark of this particular venue; on the walls, some evidence of bullets, and red stain. Who the killers were, it was never fully explained. And the dead? Well, they were obviously gone, remaining faceless, nameless, and speechless for eternity. What we do know is that on that tragic evening, the sirens were a many, laud and the emergency rooms at the inner city hospital were full finishing their deadly shift.

4. It is hard to explain; the man keeps saying he’s was a monster; that he must be forgiven as he has known of no other life. His argument was that on his way to an annual ritual, he was terrified and just looking for a safe house. No one bough it; he was guilty, no matter what, period. The police kept interrogating the fellow and I must say I kept interpreting with some disgust – that was my job; advocacy was far from it.

5. It was a time of war, you know? Said my interlocutor; whether you belonged to the “organization” it didn’t matter. If you had guns, say, AK-47, plus heavy armory, preferably tanks, the job got done, often under five minutes. What about women and children? I asked … Hey! We were not amateurs on a blind rampage – we followed the code, give or take. How long have you been in counselling? 3 years now, he said – it’s helping, I can, after a long time, look myself in the mirror – I am not proud of what I did, I can tell you that; but, it’s done. Time for me to atone, don’t you think?

6. Kids are playing on the square now; what a cheerful scene – some having fun with a basketball; others on a ping-pong table; yet, others plotting strategy on a super-sized chessboard. No killings today; I see nothing but clean clothes, heavy breathing, sweet names being called by wondering parents. The rain has long passed; friendly police officers walk by smiling. The woman in green and her strange companion have left the room, so has the walking dead in recovery, may he atone with justice. That is how it should be.

© Leo Campos Aldunez

Edmonton, AB (Canada)

Album: Al Di Meola Plays Piazzolla © 1990

Theme: Oblivion / http://youtu.be/LvicwbiGVoU