OJOS CERRADOS


No es que no recuerde a mi padre del todo; tengo aun su aterciopelada voz en mis oidos, sus amplias carcajadas, su mano firme al cruzar la avenida. Recuerdo lo que nunca dijo; sus lagrimas esparramadas por el cielo santo, pero sobre todo recuerdo sus largas ausencias y su fina estampa mitologica en el umbral hogareno. Recuedo mis viajes al Sur, ansioso de sentir su apretado abrazo, por escuchar sus sabios consejos y encontrarlo laborioso, trabajando el vinedo de la esperanza. Recuerdo sentirme insignificante frente a su gigantesca presencia; repositario de su mordaz juicio, pergaminos de conductas de su clase, standares prejuiciosos sin escape posible, abanderados de conveniencia, lascerante, lapidario.

Mi padre fue también un hombre gentil, de gustos refinados, gran admirador de los Americanos; se definia como un ‘hombre del mundo’ – y sin embargo estando frente a el me apesadumbro por años la etiqueta de bastardo! Eventualmente fui reconocido en mi pubertad civil y un buen dia la corte establecio los terminos y condiciones de su paternidad y de la gran laguna existente entre padre e hijo. Con gratitud recibi su dinero, tambien la ocasional visita; de terceros escuche asombrado los cuentos de sus aventuras extramaritales – comprendi las lagrimas de mi madre. Papa viajaba frecuentemente, sus largas ausencias dejaban un pesado olor a formalita. No nos hablamos por años; el en su mundo de buenvivir, hombre de vaudeville, burdeles y can-can. Yo, inseguro y temeroso, insistia en buscarle en los lugares mas inciertos, sin palabras, con los ojos cerrados.

– lineajes carnales

– reconocimiento

– legitimidad

– fuente de razon

La ultima vez que lo vi fue en 1987 – conversamos mucho, lo senti cercano, acabado; me dijo cosas bellas, cosas que merece un hijo escuchar de vez en cuando. Desde la epoca a hoy, lo que mas recuerdo es su silencio, no las cartas recibidas, pero la falta de ellas. Laboriosamente escribi su nombre en la postal que ayer le envie; dudo que al recibirla se altere su aliento, o sus parpados se remescan, o inquiete su senil sosiego. Mi padre es ahora un borroso nostalgico recuerdo; nada mas y, nada menos que una sombra.

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© Leo Campos Aldunez

Edmonton, AB (Canada)

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“No escogimos el momento para venir al mundo: Ahora podemos hacer el mundo en que nacerá y crecerá la semilla que trajimos con nosotros.” – Gioconda Belli

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