Archive for May, 2011

The Fracture.

It was anyone’s guess; the body was laying in the middle of the square, not moving at all. Passer-by’s looking up the sky; clouds forming over the horizon & pigeons flying over the urban landscape – except for the contorted corpse, there was nothing out of the ordinary going on. Yet, people seemed for a moment suspended in time; as if waiting for something ominous; a deeper fracture, or more bodies falling.

This is remarkable, I thought; nobody was answering their cell phones, or paying any attention to their multiple electronic toys; I even saw some people removing their earphones and glancing at the scene; someone took a first step, getting closer, kneeling beside the inert body. What happened? How did you get here? I heard voices asking. Of course there was no answer.

Whoever the cadaver was, no doubts it was very dead. A siren was heard approaching; traffic came to a standstill; looks of horror and concern were exchanged. The body was collected; the ambulance was swallowed by the city’s labyrinth.

The morning paper said something about a rather odd event downtown; blasted body found on the public plaza, identity unknown. Foul play is suspected. Got up; showered. From my bedroom I heard my companion saying “don’t worry about it; que sera, sera” Sure, I replied, it must be the fast lane; a “New York minute” – a turn to the right; living in dangerous times, quick exits; no parachute – who knew? …

Had my coffee; embraced our delightful cat & took a deep breath. I guess will never know to whom that body belonged; I said on my way out. Opened my umbrella; the rain was coming. Greeted my neighbour “good morning” and moved on to the next stop; “deadly station, deadly.”

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© Leo Campos Aldunez

Edmonton (AB) Canada

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Mal Bicho!

Los gritos desesperados e histericos de aquella enorme mujer frente a mi fueron desconcertantes, por decir lo menos. Sus incomprensibles exclamaciones de alerta anunciaban una tragedia de proporciones mayores. Era la hora de alto trafico vehicular, hora en la cual mucha gente retorna a sus hogares luego de una larga y no siempre placentera jornada.

Hela alli, mujer gigantesca; amazona indomitable gritando auxilo, locamente – dominando con su presencia alborotada el paisaje urbano y pastoral. Su auto detenido frente al semáforo, habia paralizado la fluida ola vehicular. Camiones, bicicletas, monopatines, scooters, peatones; nos habiamos quedado pasmados y confundidos al escuchar sus alaridos.

Pobrecita, pense. El terror en sus ojos delataban ser victima de algun evento paranormal; las miradas fulmimantes y acusatorias de los conductores vecinos la creyeron poseida. Que era la causa de tal alboroto? Bajé de mi motocicleta para ofrecerle calma y sosiego, e indagar sobre las razones de su desconsuelo. Me acerque lentamente y pude entonces darle sentido a sus sonoras expresiones.

Es un bicho enorme! Exclamo. Esta alli! Subio por el vidrio y se lanzó al interior del auto, a mis pies!!! La ve usted? No, dije timidamente, no veo nada, pero estoy seguro que no le hara nada; que vio? pregunte … Algo gigantesco, de proporciones abominables, dijo ella… Haga algo por favor, se lo suplico; no me deje sola con tal bicho!

Mire al interior del vehiculo y no habia nada excepto … una aranita pequenita y jugetona, completamente ajena al alboroto que su presencia ocasionaba. Calmese usted, dije con cierta autoridad celestial; soy su angel de la guardia. Mire, es cuestion solamente de tomarla con un panuelo y dejarla salir a su mundo, no? …

Hagalo ya entonces! Ordeno amazona con voz firme, de lo contrario tendre que matarla! Las aranas son una de mis fobias. Son todas mortíferas, no? Pero tranquila – dije, asegurandole de que matarla no seria necesario; despues de todo no es una tarantula o cosa parecida. Haber, dije sin vacilacion, paseme su panuelo. Entre la bulla de vocinas, gritos de apuro, e insultos de indiferencia, depositamos suavemente la aranita gentil al borde de la carretera y la animamos a volver a su redil.

La vemos jugetonamente saltar sobre las piedrecillas y noto la profunda calma que sobrecoje a esta dama de proporciones alucinates. Ve? Le digo con voz contemplativa, las cosas son generalmente cuestion de perspectiva.

Sus ojos estan mas tranquilos; su respiracion agitada por el drama aracnofobico normalizada. Su cabello enrizado por el horror vivido cae sobre sus hombros, placenteramente. Sus manos manifiestan la gratitud del rescate. Las dejo reposar en las mias. Nos depedimos. Desde su auto me hace un cordial gesto de partida. Su aventura concluida. Guapa mujer, si bien que macisita, me digo. Cual sera su nombre?

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© Leo Campos Aldunez

Edmonton (AB) Canada